25/04/2019

Quiero un gol, che

El pasado Lunes 15

Quiero un gol, che

Sigue el fútbol Tinder: sobra histeriqueo, falta valentía ofensiva. Barrios, Mi Perro Dinamita, otra vez el mejor. No repitamos emboles en el Ducó.

Sigue el fútbol Tinder: sobra histeriqueo, falta valentía ofensiva. Barrios, Mi Perro Dinamita, otra vez el mejor. No repitamos emboles en el Ducó.

Nos cuesta hacer goles. Evidentemente. No poderle hacer un gol a Huracan. A este Huracan. A este Huracán, y con diez... Se elogia la circulación, che. El manejo, la posesión y biri biri. Pero falta algo más. Al menos si el objetivo es ganar un clásico. O, insisto, si la meta de San Lorenzo es convertir, contemplando sobre todo que rige la regla del gol de visitante...

No entiendo. En serio. Me encanta que Herrera se esmere (Marcelo, animate a más); que Loaiza sea Droopy y que esté en todos lados; que Román tire paredes, rote y se traslade con elegancia; que Juanca le insista al mano a mano, aunque alguna vez podría cambiar el deselnace de la gambeta. Pero no alcanza. Está claro que no.

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Porque Reniero, por más calidad que tenga, no es 9: no sabe fajarse, no se siente cómodo, sale demasiado del área y ve pasar los centros a cinco metros de distancia. Porque Castellani juega en modo avión, pasa bien para atrás, más o menos hacia los costados y mal hacia adelante. Porque Damián Pérez es tan intermitente que cansa. Y, si no nos juega Blandi de entrada (los 9 tienen que jugar los clásicos, Jorge, aun en una gamba), hay mucho acordeón pero poca música.

Con San Lorenzo, entonces, apenas si te parás una vez en todo el partido. Falta vértigo. Falta, además, suspenso ofensivo; atrás, el chichoneo al rival no siempre es necesario: a veces urge poner en órbita la pelota.

El que entiende la obligación de pasar de segunda a tercera es Cristian Nahuel. Gracias, Barrios. Mi Perro Dinamita. Explosivo y aguerrido. Ladra y muerde, arrastra marcas, intenta filtrar pelotas, resopla cuando la pierde y corre a recuperarla... Pero si es él solo el que rompe, ¿cómo ganás?

En el Ducó, cuna del niño que celebró el empate, no puede repetirse este fútbol Tinder en el que sobra histeriqueo y falta valentía. Por favor: por el historial y por el amor propio. Para convencernos de que los 9 de 9 de local en la Libertadores no son producto de la casualidad. No quiero, entonces, parecerme al Barcelona, sino ser San Lorenzo. Cuchillo en el pico, sangre caliente y criterio. Ah, y si es posible, también un gol...

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